viernes, 4 de noviembre de 2011

Nos deja otro pionero del rol español

Bueno, al cabo de un año el blog de la Sinergia vuelve a dar señales de vida... pero no para señalar vida precisamente sino, de nuevo y muy tristemente, para señalar otra muerte. Hace exactamente una semana fallecía, el viernes 28 de octubre de 2011, Miguel Ángel Díaz, tras un último combate con la leucemia (maldita).

Miguel Ángel, apodado "Paolo" por sus colegas de club, fue uno de los primeros miembros del club Auryn, del que también había sido miembro Eduard Monter, fallecido el año pasado. "Paolo", él, no fue elegido por el destino para participar en el primer juego de rol en catalán sino para ser parte integrante del comité de redacción de los primerísimos números de la primera revista española en estar especializada en juegos de rol: la revista Troll, el boletín oficial de Auryn. En esa revista fue autor de artículos y de aventuras, además de haber sido coautor, junto a Endika Garmendia y Ricard Ibáñez, del escenario de campaña La leyenda de las Darland's.

Muchos recordamos los años 1980 y 1990 como una época bendita en la que descubríamos no sólo los juegos de rol sino también innumerables mundos de fantasía. Íbamos a las librerías especializadas y comprábamos Troll o Líder, y así nos enterábamos de todo: ¡van a sacar un juego de rol de Star Wars!, ¡van a sacar un suplemento de RuneQuest sobre los vikingos!, ¡hay unas jornadas de juego en tal ciudad, tal fecha y a tal hora! etc. Pero todo eso nos lo daban hecho... porque lo hacían otros. Y esos otros se llamaban Luis d'Estrées, Ricard Ibáñez, Francesc Matas, Eduard Monter o... Miguel Ángel Díaz, alias "Paolo". Fueron ellos los que tuvieron la fe y la iniciativa, fue gracias a que ellos se tiraron de cabeza los primeros que nosotros pudimos emprender el vuelo justo detrás, siguiendo la ruta que ellos habían abierto.

Todo cuanto Paolo hizo en el mundo de la edición y de la divulgación de los juegos de rol en España, lo hizo en una España en la que todo estaba por hacer. Gracias a él y a los jóvenes de su calibre fue como pudo arrancar nuestra afición en la piel de toro... así que démosle las gracias antes de darle nuestro último adiós. Faltaría más.

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